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11 de abril de 2013

26 | Ser luz


Pocos gestos más visuales en la liturgia de la Iglesia que el rito de la luz de la Vigilia Pascual. Dos imágenes que se me quedan grabadas de este año: la primera, en la Parroquia donde he celebrado la Vigilia. Después de bendecir la hoguera, el párroco avanzaba entre el gentío, abriendo paso con el cirio, mientras las candelas que llevábamos los fieles en las manos se iban iluminando. Al entrar en el templo, a oscuras, se veía el resplandor titilante sobre los rostros y sobre las paredes del templo.

La segunda imagen me ha llegado días después, por internet. Es la Vigilia en San Pedro, presidida por el Papa. Lo mismo: las velas que iluminaban la nave central de la Basílica, y las luces que se encendieron con el último “luz de Cristo”…
Con todas estas imágenes, con “la Iglesia revestida de luz tan brillante”, llega la certeza visual de que la luz es capaz de romper todas las oscuridades.
Decía a los jóvenes de Majadahonda con quienes me encontraba el domingo que imaginaran El Reguero a oscuras, sin ninguna luz, ni siquiera de estrellas o luna, ni resplandores de la carretera. Sólo oscuridad.

Una vela encendida en lo alto de la casa, en esa oscuridad, sería visible desde el otro extremo de la finca. Esa es la fuerza de la luz.
La Pascua es como una flor que crece en medio de las losetas de una acera, y para los animadores, acompañar a otros más jóvenes es también encuentro con esa flor. Esa es la fuerza del amor.

Y por fuerzas como esta decimos que Cristo es luz para el mundo, y procesionamos el cirio en medio de la oscuridad para proclamar que esas tinieblas de la muerte en que quiso ser encerrado y enterrado fueron vencidas por el amor de un Dios que se empeña en estar en el mundo, en medio de nosotros, y ser luz en nuestras vidas, en nuestras relaciones, en nuestras penas, en nuestros más oscuros bosques. Y ese amor rompe esas oscuridades.
La invitación es la misma que en la Vigilia: encender nuestras candelas del cirio, ser luz de Cristo en medio del mundo y dar gracias a Dios. Amar vence muros y derrotas, y estamos llamados a amar.

Algunas luces compartidas durante estos días de Pascua nos llevaban a reflexionar hasta dónde seríamos capaces de llegar por amor. Es una buena reflexión para estas semanas de Pascua.

Jesús llegó hasta la cruz.

Así pues caminemos siendo luz, llevando la candela encendida en medio de tantas oscuridades que nos envuelven estos días, estos tiempos… Amando sin medida. Ser luz, como llamada en medio del mundo, y sin miedo, porque Jesús camina con nosotros, “va delante de vosotros a Galilea” (Mt 28, 7).

Feliz Pascua, feliz paso del Señor liberador en medio de nuestras vidas.

“Al nombre de Jesús toda rodilla se doble [...]
y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor”
(Filipenses 2, 10-11)

26 de noviembre de 2012

22 | El poder de las cosas pequeñas

El diálogo que nos ofrece hoy la liturgia de la Iglesia es uno de los más conocidos, y también de los más tensos, de cuantos mantiene Jesús a lo largo de los evangelios. Se produce en unas circunstancias duras y especiales. 
Las autoridades han detenido la noche anterior a Jesús de Nazaret en el Huerto de los Olivos, y tras pasar por el Sanedrín, es entregado a las autoridades romanas, como es preceptivo en aquella provincia del Imperio.
Ante el Prefecto de la Provincia, Poncio Pilato, presta Jesús declaración, y los evangelios recogen este diálogo. En él Pilato hace referencia a la acusación con la que se lo entrega, ser rey, y siéndolo querer ‘destronar’ a las autoridades. Y Jesús responde afirmando que es rey, pero que su reino no es de este mundo…
«Los notables judíos lo acusan de ser uno de los caudillos nacionalistas que, bajo el título de “rey de los judíos”, luchaban por instaurar un gobierno libre de la opresión romana. Poncio Pilato, como juez, pregunta a Jesús. Pero la realeza de éste se sitúa en un plano diferente, y el procurador romano no entiende.» (Tú tienes palabras de vida, Verbo Divino, Navarra, 2005).
No quiero hablar ahora de qué significa este Reino, qué es el Reino de Dios, por qué dice Jesús que su Reino no es de este mundo o qué tipo de Rey es Jesús (Rey al servicio de de los hermanos). Pero poder hablar a partir de la lectura de la fuerza que tienen en el Reino de Dios los pequeños es uno de los regalos del Evangelio.
 "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, porque el Reino de Dios está entre vosotros". El Reino como semilla de mostaza, como semilla que crece, el Reino para los que son como niños, Reino para los pecadores, prostitutas, para los no-ricos. El Reino para los que vuelven a nacer…
Es el Reino de las cosas pequeñas, el que está presenta en trabajos entregados de cada día, en manos que se tienden, en abrazos que se dan, en sonrisas de verdad, en encuentros de amigos, en tristezas y dolores llevados con esperanza, y también en los desesperanzados que buscan un consuelo. Verdad y justicia. Reino de pequeños y de pequeñas cosas.
El rey de este reino es todo esto. Fue mano, abrazo, lágrima, sonrisa, esperanza. Y dolor. Así que es un rey que se sitúa por lo bajo y mira desde abajo a los de abajo. No sabe las cosas por teoría. Las sabe porque las vivió. Y las sabe porque ama, y el amor habilita para la misericordia y para la alegría y para el dolor.

Y la enseñanza con la que me quedo es la de situarme por lo bajo. Y esto lo traduzco: dejarme amar y abrirme a amar. Esto de amar, que es más fácil decirlo que hacerlo, es lo que nos permite relacionarnos con nuestro mundo, con los hermanos y con Dios en libertad.

Ama. (Sé rey). Y ensancha el alma…

(Escrito para jovenesenhermandad.com)

24 de enero de 2012

20 | La pregonera, el obispo y otras coplas


El folclore (ya frunciaremos esta palabra otro día) es una cuestión a menudo complicada y no exenta de polémica. Al folclore, a la cultura y tradiciones de un pueblo, pertenecen una miríada de actividades distintas: se pueden tirar quesos por una colina, subirse en la grupa de búfalos americanos y correr con ellos, se puede jugar a desangrar a un toro y luego matarlo, quemar estatuas de papel, partir troncos a hachazos, pensar que un Madrid-Barça es un acontecimiento trascendental, montar castillos altísimos de personas sobre personas, tirar cabras desde campanarios… o pasear estatuas de madera llevadas por hombres cubiertos con capucha por las calles de una ciudad.

El folclore tiene orígenes variados, en los ciclos del tiempo, en las cosechas, en una tragedia o en una alegría, en una religión. Pero aquí radica la diferencia. No todo vale, o no todo es lo mismo.

Mi querida ciudad de origen, Valladolid, tiene como fiesta y folclore principal la Semana Santa. Desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección, las cofradías convierten las calles en un muestrario de colores, olores, músicas y maderas policromadas que a los vallisoletanos, salvo excepciones, nos encanta. Pero no nos olvidemos de una cosa, le pese a quien le pese: la Semana Santa rememora la Pasión, Muerte y Resurrección de aquel a quien los cristianos tenemos por maestro, hermano, Señor de nuestras vidas e Hijo de Dios vivo.
Por lo tanto ese folclore queda, o debería quedar, diluido por algo que es mucho más importante para los creyentes que toda la parafernalia.

En Valladolid, las cofradías han pensado muchas veces (demasiadas) que la Semana Santa era suya, que podían hacer con ella lo que les viniera en gana. Muchos son los cofrades muy fieles a su cofradía y poco o nada a la misa dominical. Y muy pocos los que alguna vez han pisado una Vigilia Pascual.
En Valladolid, la ciudad, sus habitantes y su alcalde han pensado muchas veces que también era suya, y han variado recorridos según les venía en gana o según mejor le venía al experto de turno.
Y ahora resulta que ha hablado alguien que, en mi opinión, si tiene algo que decir. El Arzobispo. Para los católicos de Valladolid, es nuestro pastor. Él, y no el alcalde, la concejala, la vicepresidenta, Concha Velasco o Martín Garzo. Y ha dicho que no le han consultado el nombre del pregonero de la Semana Santa, es decir, aquel que va a entrar en la Catedral, va a subirse al presbiterio y va a proclamar al mundo las bondades de nuestra Semana Santa. En este caso, el Alcalde, subido a la parra de la victoria electoral, y algún lameculos sin parangón, han pensado que Soraya Sáenz de Santamaría reunía las condiciones. Ella, que no es practicante, y que está casada por lo civil (es decir, fuera de la Iglesia según sus normas).
Como el interés hace extraños compañeros de cama, Carme Chacón, subida al carro del feminismo progresista, ha salido a defender a la señora Vicepresidenta atacando al Arzobispo por reaccionario. El PSOE de Valladolid había protestado por la elección (en otro sentido), pero claro, no olvidemos que Oscar Puente y sus sombras son de Rubalcaba, así que Chacón aprovecha para poner banderillas.

Opino. Que estoy de acuerdo con el PSOE de Valladolid en su primera queja: no es de recibo que un acto de todos quede en manos de un político, porque los de los otros se pueden sentir a disgusto. Y como católico, opino que los que dentro de la Iglesia no somos miembros de ningún partido no debemos ser representados por alguien así.
Pero además, es que don Ricardo tiene razón. Es que los cristianos creemos que el Matrimonio es un Sacramento, es decir, que Dios se hace presente en él, y que aunque debe tener y tiene consecuencias civiles, para los católicos no debe ser un mero contrato.
No juzgo a la señora Sáenz por su situación personal, sería absurdo. Que cada uno viva como le de la gana, pero no puede ser portavoz de los católicos en ese pregón, en la Catedral y ante el Arzobispo.

Con todo el lío, se nos olvida que, una vez más, el papanatas causante vuelve a ser nuestro querido León de la Riva, asesorado por vaya-usted-a-saber-quién.
En Intereconomía estarán dando palmas con las orejas.

En respuesta a "La disputa por la pregonera", de Raúl Alonso, en EL SEÑOR DE LOS ESPEJOS

22 de enero de 2012

19 | ¿Pescadores de qué?

“¿Pescadores de qué?” es la posible respuesta que cualquiera de nosotros hubiéramos dado si nos encontráramos en la situación de los hijos de Zebedeo… “¿Qué me vas a hacer pescador de hombres?”
Dos hombres sencillos, probablemente analfabetos, que habían aprendido el oficio de su padre y se dedicaban a él a orillas del Genesaret no debieron entender muy bien a qué se refería el tan afamado Maestro del que habían oído hablar.

La escena viene precedida en la lectura de este domingo por el anuncio de Jesús, el anuncio de un tiempo nuevo y la petición o exigencia de la conversión para preparar esa llegada. Estamos al principio de la predicación…

Esta lectura tiene varios mimbres.
La conversión. Es decir, cambiar, moverse, ir de un sitio para llegar a otro. Cambiar para mejorar. La petición de Jesús es bastante clara, y lo hace tras el anuncio del encarcelamiento del Bautista. Es un “ya está bien”, hasta ahora las cosas han sido de una manera pero ahora deben ser de otra, y para eso no hay que limitarse a escuchar embobados a orillas del Jordán. Hay que levantarse y andar, y cambiar, y empezar a mirar el mundo con los ojos del hermano para poder avanzar.

Y de la conversión, la vocación. La llamada. Desde la invitación a colaborar en el Reino, debes elegir el cómo. Pero implica conversión: “deja tus redes y sígueme”. Pero, atentos, Jesús no quiere que dejemos de ser lo que somos, solo que lo convirtamos, que lo hagamos nuevo.
“A ti, Santiago, Juan, Simón, Andrés: sois pescadores. Y quiero que sigáis siéndolo, pero conmigo lo seréis de hombres. Ayudadme a salvar a los hombres de los lagos en los que se ahogan. Mi barca es grande”.
Y no hace una llamada con trompetas desde lo alto de una colina. Llama por el nombre, de uno en uno. A ti te quiero como eres, convierte cómo lo eres, y ven. Y así con los cuatro pescadores, pero también con el cobrador de impuestos, con el joven rico, con Nicodemo, con Magdalena… Escogió a personas, las llamó por su nombre, aceptó y acogió lo que eran y les dio mirada para ver el mundo, y cambiarlo, con ojos nuevos.

Sí, pescadores de hombres. Ese es el truco de la conversión. No dejar de ser pescadores pero serlo de una manera nueva. Jesús nos llama como somos, con lo que somos (defectos y virtudes), y pide que eso que somos lo transformemos.

“De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas”, pero no dejarán de ser hierro. Se convertirán en algo nuevo.



27 de agosto de 2010

10 | Somos juntos

Somos juntos,
porque nos creaste los unos con los otros,
porque nos pediste que juntos pobláramos el mundo.
Hermanos, por ser hijos del mismo Padre,
hermanos, por ser miembros del mismo cuerpo.
Porque nos amas, somos juntos.

Somos juntos,
porque nos diste el don de la fraternidad,
porque nos uniste con el vínculo del amor,
de la caridad, de la entrega.
Porque te diste por nosotros, Jesús Eucaristía.
Por tu cuerpo y por tu sangre, somos juntos.

Vivimos juntos,
porque nos regalaste la misma tierra, la misma creación,
porque nos entregaste las llaves de una casa común
que cuidar. Nos hiciste señores del mundo
y, aún tropezando, lo compartimos.
En el mundo, somos juntos.

Somos solos,
porque nos diste a nosotros mismos.
Un cuerpo y un alma que respetar porque son tuyos.
Mil dones que compartir, que no enterrar.
Somos solos para los demás
y, por esto, somos juntos.

Somos contigo, Dios,
hermano, Padre, Hijo,
Dios espíritu defensor, fuerza eterna que nos llena.
Somos antorcha, zarza ardiendo, suelo que pisas
y deja huella. Somos luz para los demás
y, alabándote, somos juntos.

Y al final del tiempo,
aún seremos, porque no fuimos destinados
a salvarnos solos. Por tu amor, Señor,
que gritamos al viento,
por el regalo de tu Palabra,
porque estamos llamados a allanar tus senderos,
porque nos envías a anunciar y construir tu Reino.
Somos hermanos. Y somos juntos.