A los lugares y gentes, amigos y corazones, que la Hermandad a hecho que conozca… Y a Portugal, y a Galicia, al Mediterráneo, a todos…
Si el corazón se niega a viajar
que viaje el aire, pero que viaje.
Que viaje sin demora, que no mire
lo que queda en la estela,
que no sienta pena, que respire
una ciudad, una calle, un paisaje.
Una gente.
Si el aire se niega a viajar,
que viaje el corazón, pero que viaje.
Que se deja repartir
por mil lugares, en mil lenguas diferentes.
Que disfrute de la risa, o la mirada
y que se encuentre con los otros.
Y si no quiere salir, si no quiere andar, si no quiere vivir;
que viaje él, o ella, pero que viaje.
Mostrando entradas con la etiqueta Risa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Risa. Mostrar todas las entradas
27 de agosto de 2010
06 | Dame tu mano de guitarra
Dame tu mano de guitarra para, agarrado a Ti,
cantar a todos los hombres que eres posible.
Dame mil manos de colores para construir,
para construirte y reinventarte cada día,
para saberte cerca, cercano, humilde…
Confío en ti, y nada ni nadie lo cambian.
Dame tu voz de zarza ardiente para gritar,
para gritar tu Palabra, para poner en mi voz
tu sabiduría, para despertar al que dormía
y ahora vela, esperándote.
Dame tu gracia, dame tu abrazo, dame la vida
para entregarla.
Confío en Ti, ni el tiempo ni el espacio lo cambian.
Dame tu olor de gran casa, dame tu calor
para abrigar al que camina a la intemperie.
Dame tu fuego, el que me arde dentro,
el me llama y nos llama a salir de aquí,
a ir por desiertos, veredas y ríos,
cantando, de nuevo, que me sedujiste
y me dejé seducir, para decirles que
confío en Ti, ni mil caídas lo cambian.
Dame brazos, que hacen falta, para levantar
piedra a piedra, un templo nuevo,
lejos de palacios y catedrales, cerca del pueblo.
Dame las llaves como a Pedro, pero para abrir cadenas,
para dejar aquello que nos ata, para ser libres,
libres para amar, libres para sentir, libres para servir.
Confío en Ti, ni siquiera las dudas lo cambian.
Dame tu risa, para compartirte, para tocarte en los demás,
para sentirte.
Confío en Ti porque voy ciego, porque te necesito,
porque me haces caminar, porque vas al lado,
y te siento.
Confío en Ti porque te veo.
cantar a todos los hombres que eres posible.
Dame mil manos de colores para construir,
para construirte y reinventarte cada día,
para saberte cerca, cercano, humilde…
Confío en ti, y nada ni nadie lo cambian.
Dame tu voz de zarza ardiente para gritar,
para gritar tu Palabra, para poner en mi voz
tu sabiduría, para despertar al que dormía
y ahora vela, esperándote.
Dame tu gracia, dame tu abrazo, dame la vida
para entregarla.
Confío en Ti, ni el tiempo ni el espacio lo cambian.
Dame tu olor de gran casa, dame tu calor
para abrigar al que camina a la intemperie.
Dame tu fuego, el que me arde dentro,
el me llama y nos llama a salir de aquí,
a ir por desiertos, veredas y ríos,
cantando, de nuevo, que me sedujiste
y me dejé seducir, para decirles que
confío en Ti, ni mil caídas lo cambian.
Dame brazos, que hacen falta, para levantar
piedra a piedra, un templo nuevo,
lejos de palacios y catedrales, cerca del pueblo.
Dame las llaves como a Pedro, pero para abrir cadenas,
para dejar aquello que nos ata, para ser libres,
libres para amar, libres para sentir, libres para servir.
Confío en Ti, ni siquiera las dudas lo cambian.
Dame tu risa, para compartirte, para tocarte en los demás,
para sentirte.
Confío en Ti porque voy ciego, porque te necesito,
porque me haces caminar, porque vas al lado,
y te siento.
Confío en Ti porque te veo.
05 | Cuando el naranjo dé fruto
A Pablo. A Julián. A Javi.
Mi naranjo, mi trigo, mi avenida…
Cuando el naranjo dé fruto,
tras la flor, vendrá la vida.
Vendrá y llenará de sol
los caminos en los jardines
y reflejos de veredas
que transcurran junto al río
de tu risa. De vuestra risa.
Y cuando el trigo asome
romperá la tierra para llenarla de verde
y el mar ocre se vestirá
para colmar la vista
de corazones anchos como avenidas
llenas de gente, de manos
que se alzarán para abrazar
lo que venga.
Lo que quiera.
Lo que sea.
A quien viva.
A quien ría.
Mi naranjo, mi trigo, mi avenida…
Cuando el naranjo dé fruto,
tras la flor, vendrá la vida.
Vendrá y llenará de sol
los caminos en los jardines
y reflejos de veredas
que transcurran junto al río
de tu risa. De vuestra risa.
Y cuando el trigo asome
romperá la tierra para llenarla de verde
y el mar ocre se vestirá
para colmar la vista
de corazones anchos como avenidas
llenas de gente, de manos
que se alzarán para abrazar
lo que venga.
Lo que quiera.
Lo que sea.
A quien viva.
A quien ría.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)